Fernando Delgado Sanz, el más conocido de los hijos que ha dado Santo Domingo de Pirón, por ese nombre hoy apenas conocido, pero que durante años tuvo en jaque a Guardia Civil y jueces y sembró el miedo entre viajeros y vecinos de ambas vertientes de la sierra de Guadarrama. Era el temido ‘ "Tuerto de Pirón"’, el sobrenombre que adoptó este bandolero que años después de su muerte ha servido de inspiración a libros y grabados.

La memoria de los más veteranos y la transmisión oral sobre las hazañas de este personaje mantienen viva la imagen de ‘El Tuerto de Pirón’. Nacido el 30 de mayo de 1846.

El Tuerto’ campaba a sus anchas por las tierras junto al río Pirón. Un espíritu libre, como afirman algunos, que le impulsó a adentrarse en la sierra de Guadarrama, entregando su vida al asalto de carruajes y diligencias que cruzaban el puerto y el desvalijo de iglesias, junto a sus secuaces.

Aunque el temor que infundía le permitía frecuentar bares y tabernas sin ser delatado, cayó preso de la justicia en más de una ocasión, la primera vez en diciembre de 1881, cuando fue recluido en la cárcel de Segovia de la calle Juan Bravo (hoy sede de la Biblioteca pública), de donde escapó el 31

de enero de 1882 tras limar los grillos y huir por el tejado.

Terminó sus días en 1914 después de que fuera acusado

de múltiples delitos y condenado en 1888 por la Audiencia

de Madrid a cadena perpetua, y que cumpliría en la prisión

de Colmenar Viejo .

Era Fernando Delgado

un arriscante mancebo,

al que una nube en el ojo

le valió el mote de ‘El Tuerto’.

Segar y arar le mataba

le aburría el pastoreo,

y mientras otros el callo daban,

domando su cuerpo,

él estaba en las solanas

como un pajón de centeno.

Era doctor en caminos

en rondas y devaneos,

amigo de las lechuzas,

de las sombras y los perros,

farruco como el que más

y larguísimo de dedos

"Romances de El Tuerto de Pirón"

               Tomás Calleja